Cayetano
“Poco a poco él se ha ido adaptando a nosotros y nosotros a él.”
Cayetano valora la formalidad y la responsabilidad de Harold. También reconoce que todavía necesita práctica con algunas tareas, especialmente con el tractor y el molino.
Harold tenía trabajo, una casa, un pequeño negocio y una vida construida en Piura. No salió de Perú huyendo de todo. Salió para comprobar qué podía construir si aceptaba una oportunidad que no se presenta todos los días.
Harold no tenía una vida vacía en Perú. Vivía en Piura, tenía su casa, estaba casado y había construido una trayectoria profesional propia.
Es zootecnista de formación. Había trabajado en la venta de alimentación animal y prestado asesoramiento a granjas de cerdos y de pollos, tanto de engorde como de puesta. También había creado con su madre un pequeño negocio de postres tradicionales.
Sus días se repartían entre el empleo, las compras necesarias para mantener el negocio y aquel proyecto familiar. Avanzaba, pero sentía que lo hacía más despacio de lo que deseaba. Le preocupaba tardar demasiado en alcanzar los objetivos que se había marcado.
La posibilidad de trabajar en otro país no apareció como una huida. Apareció como la oportunidad de salir de su rutina, ganar experiencia y comprobar de qué era capaz lejos del entorno que conocía.
Harold había terminado un contrato en un establo lechero de la Universidad Nacional de Piura y estaba buscando empleo. Mientras navegaba por Facebook encontró un anuncio dirigido a profesionales interesados en trabajar en España.
Escribió al número de WhatsApp con curiosidad, pero también con cautela. Pensó que, si en algún momento detectaba algo extraño, detendría el proceso. Después llegaron la documentación inicial, varias conversaciones y alrededor de cinco entrevistas.
En ellas fue conociendo al equipo, el tipo de trabajo y finalmente a los empresarios. La oportunidad dejó de ser una promesa abstracta: ya existían una empresa concreta, unas tareas y un lugar al que tendría que trasladarse.
“Cuando me presentaron a los empresarios pensé: esto ya va en serio.”
Harold no viajó a España para empezar a buscar empleo después de aterrizar. Antes de salir de Perú conocía a la empresa, el trabajo y el lugar en el que iba a vivir.
Cuando la empresa decidió contratarlo comenzó la tramitación. Harold tuvo que desplazarse a Lima para completar distintas gestiones. Allí recibió indicaciones sobre la documentación, los lugares a los que debía acudir y los horarios de cada trámite.
Su familia conocía cada avance. Para Harold, esa fue una diferencia importante respecto a otros procesos migratorios que había visto de cerca. No viajaba hacia lo desconocido: existían un contrato, una empresa y personas que lo estaban esperando.
El acompañamiento continuó en España. Margarita lo recogió en Madrid y lo trasladó hasta Salamanca. Después, Susana lo acompañó hasta el territorio, la vivienda y la empresa.
Durante los primeros meses, el equipo continuó preguntándole cómo se encontraba, cómo evolucionaba el trabajo y cómo estaba viviendo emocionalmente el cambio.
“Lo mío fue paso a paso. Mi familia sabía en todo momento qué estaba pasando.”
Harold · Profesional de la ganadería
Llegar con un contrato y una vivienda no elimina la dificultad de dejar atrás a la familia, las costumbres y la vida que una persona conoce.
Harold llegó durante el otoño desde una ciudad cálida. El cambio de temperatura fue uno de los primeros golpes de realidad. También le sorprendió el silencio: durante el invierno veía casas cerradas y pocas personas en las calles.
El primer mes vivió solo. Hubo días en los que echó de menos la actividad de la ciudad, salir al cine o simplemente ver más gente. Con el tiempo comprendió el ritmo del pueblo, empezó a relacionarse con los vecinos y creó un grupo de amigos.
Encontrar vivienda en Boada resultó difícil porque apenas existía oferta de alquiler. La empresa localizó una casa en Martín de Yeltes, a unos cinco minutos del lugar de trabajo.
Harold la describe como una vivienda amplia y acogedora, con tres habitaciones, salón, cocina y patio. No tuvo que incorporarse al empleo mientras buscaba por su cuenta dónde vivir.
La familia de Cayetano también estuvo pendiente de las cuestiones cotidianas. Le preguntaban cómo soportaba el frío, si tenía combustible para la estufa o si necesitaba algo para instalarse.
“Mis jefes me preguntaban cómo estaba, cómo llevaba el frío y si necesitaba algo.”
La formación de Harold estaba relacionada con la producción animal, pero su experiencia anterior no era idéntica a las tareas que debía realizar en Salamanca.
Su jornada comienza preparando las camionetas y cargando el alimento. Después atiende a distintas categorías de ganado, revisa que los animales tengan agua, pienso y paja, cuida a los cerdos y resuelve las incidencias que aparecen durante el día.
También participa en pequeñas reparaciones, revisa alambrados y empieza a conocer el funcionamiento del molino con el que la empresa prepara parte de la alimentación del cebadero.
Uno de sus principales aprendizajes está siendo el manejo de la maquinaria. Antes de llegar no había trabajado habitualmente con tractores de esas dimensiones. Conocer los mandos, mover cargas y ganar seguridad requiere práctica.
Harold recuerda especialmente el día en que consiguió transportar y colocar correctamente un gran paquete de paja. Desde fuera podía parecer una tarea cotidiana. Para él fue la prueba de que empezaba a dominar una máquina que inicialmente le imponía respeto.
“Poco a poco él se ha ido adaptando a nosotros y nosotros a él.”
Cayetano valora la formalidad y la responsabilidad de Harold. También reconoce que todavía necesita práctica con algunas tareas, especialmente con el tractor y el molino.
“Aún tengo cosas que mejorar, pero poco a poco voy estando más adaptado.”
Harold valora la estabilidad, los nuevos aprendizajes y la tranquilidad de esta etapa. No oculta la soledad inicial ni las diferencias respecto a la ciudad en la que vivía.
Cuenta con un trabajo estable y unos ingresos que le permiten vivir con tranquilidad.
Está ganando autonomía con el ganado, el tractor, la maquinaria y el molino.
Vive con menos ruido, menos desplazamientos y un ritmo diferente al de Piura.
Mantiene su objetivo de crear en el futuro una empresa propia.
Harold no llegó a Salamanca para encontrar un lugar perfecto. Llegó para trabajar, aprender y comprobar qué podía construir fuera del entorno que conocía. Ha tenido que adaptarse al frío, a la distancia y a una vida con menos actividad social. También ha encontrado estabilidad, tranquilidad y nuevos aprendizajes. Su historia no demuestra que vivir en un pueblo sea la decisión adecuada para cualquiera. Demuestra que una oportunidad real, información clara y acompañamiento permiten tomar una decisión difícil con mayor seguridad.
Déjanos conocer tu trayectoria. Te contactaremos cuando exista una vacante concreta en la que tu experiencia pueda encajar. Antes de avanzar conocerás el puesto, la empresa, las condiciones y el lugar en el que tendrías que vivir.